* Tomado de:http://www.dosdoce.com. Autor: José Antonio Vázquez. 10-5-2012

Bajo el título “Todo comienza en un libro. La industria editorial en transformación”, la cámara de Comercio y la Cámara del Libro de Colombia quisieron analizar los últimos cambios a los que está sujeto el sector editorial y muchas de las nuevas tendencias recogidas a lo largo de este último año. También constatar, a su vez, la certeza de que muchos de estos cambios están más que asumidos por algunos, como en Brasil, país invitado este año y al que se le ve imparable en sus apuestas digitales de todo ámbito.

Fue un ciclo de charlas y paneles de discusión dentro de un único marco de mentalidad de cambio constante y cuyo epicentro sigue siendo el libro, si bien un libro que se desplaza, conversa de manera interdisciplinar con otros medios (películas, videojuegos, series de televisión, etc.) y que se desarrolla más allá del texto y del lector solitario. Cada vez más, su contexto es Internet y las consecuencias derivadas de pertenecer a este ya no tan nuevo medio. Precisamente del contexto red, de su evolución, su naturaleza social, su transformación hacia un diseño emocional que facilite y haga disfrutar buscando y compartiendo libros, junto a algunos de los últimos ejemplos de libros más allá del texto fui a hablar allí. De algunos de estos aspectos contaré algo aquí en breve.

Es cierto que hay vida para los libros fuera de Internet, así quedó reflejado en un interesante circuito en el que se habló de cine, televisión y cómo establecer nuevas relaciones entre medios que -si bien ya les unen estrechos lazos-, las oportunidades les brindan diversos paisajes de colaboración; ahora bien, a veces sujetos a canales digitales a través de la red. Léase configuraciones Transmedia -de lo que también se habló mucho-, más allá de cómo volcar o transformar una historia de un formato a otro, “traducirla”, como diría Miguel Torres (director de teatro y escritor), dado que existen notables diferencias: “en el cine hay que ver para creer, en la literatura hay que creer para ver”.

En este sentido, fueron interesantes los datos aportados por Ana Luiza Beraba, quien, aunando su experiencia en el sector editorial y en el cinematográfico, decidió establecerse y montar la primera agencia latinoamericana de venta de derechos literarios para la adaptación al cine y televisión. Su exposición fue un gráfico ejemplo de que a la literatura le esperan oportunidades fuera de los lectores y animó a los editores a mostrar y vender sus obras no sólo a estos lectores últimos. En su caso concreto, a los guionistas y productores cinematográficos.

Eso sí, una advertencia quedó clara, en el ámbito del cine mejor enviar versiones más que abreviadas de las novelas que se quieren vender. Se ve que hay mucha competencia y poco tiempo para hacer una lectura intensa y literaria de los libros. Además, cada vez más actores conocidos que rebuscan entre los libros para encontrar su historia perfecta. Quedó claro que hay comprender el contexto en el que ofrecen las historias a través de la narrativa audiovisual, más en concreto en la televisión, donde las series, en América Latina –según Andrés Burgos (escritor y director de cine)-, viven bajo una constante “dictadura del romance”.

Evidentemente es otra mirada la que pone el cine y la televisión sobre una obra escrita. De hecho, según lo hablado, no son las obras de autores conocidos o literarios las más fáciles de adaptar al formato cinematográfico. Tampoco las de más éxito. En el caso concreto de Ana Luiza, su búsqueda está en autores desconocidos de lenguaje sencillo y directo, cuyo universo literario sea decididamente favorable para una lectura rápida de su lenguaje claro y directo. En resumen: las novelas de 500 páginas con gran vocación literaria no tienen tantas oportunidades de éxito. Pero para eso están las editoriales y este tipo de agencias, para vender y dar “masticado” el libro a los productores.

El caso de los videojuegos tiene un componente distinto. Han evolucionado mucho, como nos recordabaBrian Kindregan, escritor para videojuegos y confeso ávido lector. Ofreció un repaso de su evolución que fue del Pong (o Tele-Pong), pasando por el Donkey Kong -en los que no había narrativa alguna- hasta que comenzó a atisbarse algo de historia detrás de la acción (como en algunos de los mejores juegos del Spectrum, ordenador del que ahora se cumplen los 30 años de su nacimiento), y, finalmente, historias increíbles de interacción como World of WarcraftStarCraft IIJade Empire (estos últimos de la mano narrativa del propio Brian) o, añado, el tipo de juego interactivo tipo Heavy Rain, en el que la historia se asemeja mucho a la de una película en la que el jugador maneja la trama según sus actos y decisiones. Al cabo, se trata de escribir para un público diverso y conseguir ciertas emociones, en la medida que esto sea posible, pues, como señaló Brian, hay diferencias de medio y fin, entre leer una novela y participar de un juego en el que en el que no cabe tanto la reflexión como la acción en según qué videojuegos.

Si bien todo esto, en algunos de sus aspectos, no deja de ser tan nuevo, llevado al contexto Internet sugiere mayores atenciones, dado que la Red se afianza como columna vertebral de toda oferta cultural. La detallada exposición de Richard Stark -Director de datos de Barnes & Noble- sobre los metadatos, diferentes estándares y, ya no necesidad, sino obligación de su buen uso para todo aquel que quiera que su contenidos se encuentren lo más fácilmente posible en internet, nos hace pensar en la gran red de metadatos contextualizados en los que la ingeniería de búsqueda social y personalizada va entrar a formar parte en la Web Semántica.

Los metadatos, como extensión semántica de los datos, se desarrollarán su carácter descriptivo hacia una red de datos cada vez más de carácter intersubjetivo. Las aportaciones de editores, y pronto de usuarios, en el modelo de Small Demons va en esta dirección: juegos, objetos, libros, personajes, autores, corrientes de pensamiento, marcas, películas, series, y un gran etcétera que, en versiones cada vez más evolucionadas -si no en este caso citado en cualquier otro de naturaleza semántica que posiblemente veremos-, enlazarán búsquedas en un solo resultado.

Lamentablemente, no llegué a tiempo de ver la charla de Joshua Tallent, aunque sí su presentación y participación en uno de los paneles: una llamada a la mentalidad digital a la hora de pensar en la edición de los ebooks. De nuevo, el ebook más allá del texto: hipervinculación, interactividad, web. El libro digital está predestinado a fluir, más allá de las ediciones electrónicas que podemos leer en algunos de los ereaders de hoy. A mi parecer, en ocasiones con interfaces que son el paradigma de lo inacabado. Por supuesto, esto no significa que todos los libros tengan que ser una especie de feria interactiva y multimedia o siquiera enriquecidos, pero creo que la interfaz no es el papel, y no soporta fácilmente el paso del tiempo.

El epub 3 y, sobre todo, el HTML5, permiten salir del ecosistema aplicación o Apple (recordaba Tallent como algunos de estos libros enriquecidos –que no aplicaciones- de momento sólo se pueden disfrutan en iBooks) y, en cuanto todos los soportes lo permitan, conseguir ebooks fluidos y diseñados en su justa medida para su natural entorno. También es cierto que hay que diferenciar entre libros digitales enriquecidos en mayor o menor grado y algunas aplicaciones que podemos ver a día de hoy.

No obstante, no hay que olvidar el componente de juego que según qué libro-aplicaciones (la últimaFrankenstein, por ejemplo) en las que es cierto que el diseño prevalece sobre la experiencia de lectura, pero su naturaleza interactiva es lo que invita a hacer una interfaz “juguetona”, que si bien no parece ayudar a seguir un proceso de lectura habitual, juega con la interactividad, como en su día los libros de “Crea tu propia historia”. Recordemos –salvando mucho las distancias- que, entre otros, Marinetti o Apollinaire tampoco ponían fácil la lectura de algunas de sus obras en el papel.

Insisto, conviene diferenciar el enfoque en el diseño. Muchas veces equivocado, es cierto (la historia y la lectura se pierden en los aditamentos sin justificación alguna), pero en otras ocasiones con el valor añadido del juego y la experimentación o de las posibilidades de los nuevos leguajes. Un buen ejemplo de integración en este sentido me parecen las historias breves o reportajes sobre casos reales que se pueden leer en The Atavist. O el modo en que la revista Intelligent Life, de The Economist, ha implementado sus contenidos para el iPad. De nuevo, la obra de género está siendo la más propicia, claro, para este tipo de creaciones. Pero insisto, el libro conectado, más allá del texto gris de un Kindle, ofrece posibilidades que merece la pena estudiar y valorar.

La gran pregunta que se sostuvo interiorizada hasta el final fue: ¿Cuál es el papel de los editores en todo este nuevo paradigma? Algunos casos hablan por sí mismos. Francisca Solar, autora y editora de sus propios libros en formato digital nos contó su caso: la inactividad, falta de recursos o competencias digitales de sus editores de siempre le llevaron a actuar con independencia. A la pregunta de si todo autor puede seguir su ejemplo, ella responde: sí, las herramientas están ahí para todos. Es cierto que en su caso particular -una autora que ya goza de mucho éxito con sus novelas dentro del ámbito de las fanfiction, pero también de otros libros, y con un excepcional sentido de la comunicación con todos sus lectores-, permite este tipo de movimientos.

No obstante, ¿no resulta una llamada de atención a la pregunta final (respondida finalmente por las conclusiones de Jaime Iván Hurtado)? Su respuesta fue que siempre seguirán existiendo porque su labor de unir a autores con lectores es y será igualmente necesaria. Sin duda alguna.

Pero, para conseguir este lazo y sensación de guía entre autor y lector, va a ser necesario entrar a formar parte interesada de esta en renovación constante. A algunos editores, no salir de su mundo les puede hacer tanto daño a sí mismos como a sus autores y obras. El libro, más allá de gustos personales, está más que nunca dispuesto a salir de su materia encorsetada (cosida o pegada), como artificio que es desde que las historias abandonaron la oralidad. Los editores van a tener que seguir su rastro si no quieren ver cada vez más casos como los de Francisca Solar u otros muchos que vamos conociendo.

De momento, la autopublicación se mueve mayoritariamente entre autores absolutamente desconocidos y aquellos otros ya conocidos, autores de género, en formato papel. Es decir, aquellos que se sirven de lasherramientas a las que aludía Francisca y una compresión de lo que significa Internet: el espacio para los subgéneros, transversalidad, nichos, etc., que se han abierto al mundo a través de la Red. Las otras culturas no generalistas que han rentabilizado su existencia gracias a Internet, según diría Roman Gubern.

La inacción de algunos editores puede forzar que la autoedición deje de ser el lugar del nicho y pase a ser el lugar común de todo escritor, con mayor o menor éxito. Es importante mirar lo que está sucediendo fuera del despacho para tomar decisiones en el futuro, o para rechazar los cambios si así se decide (es cierto que hay, grupos editoriales, editoriales, y artesanía pura, cada caso e interés merece una atención diferente). Y este fue uno de los hándicap de estas jornadas: la falta de una mayor asistencia por parte de los editores, no así de libreros, editores de libros de texto y todo aquel con curiosidad mínima para saber qué es lo que está sucediendo en un mundo que le importa y le gusta.

Ante iniciativas como éstas y el esfuerzo que suponen organizarlas, merece la pena dedicarles algo de más de tiempo. El sector es lo suficientemente grande y cada vez abarca más competencias y campos –según vemos a diario- como para pensar en atender a lo que pasa fuera de la obligada –claro que sí- visita a libreros, distribuidores, atención a los autores, lectores, etc. El campo se amplia, se expande a través de la Red. Si sólo reparamos en lo que está justo delante –o incluso ya detrás- de nosotros, es posible que otros muchos nuevos lectores, y autores, se pierdan a través de las múltiples puertas de Internet.

La inacción o desinterés en las diferentes fases de esta transformación supone poner en manos de esos temidos tecnólogos (que en muchas ocasiones están haciendo por el libro mucho más de lo que piensan) o de empresas que deciden asuntos tan importantes (esto sí que es más preocupante) como el acceso o la obsolescencia o no de los archivos. Participar también significa decidir y pensar algunas de las consecuencias de los cambios. Es algo que le deben a los lectores futuros. Algunas organizaciones, como Cerlalc, compartieron parte de algunas de estas reflexiones, como las que señalan en un manifiesto sobre el libro electrónico, que merece ser pensado con detenimiento en algunos aspectos.

Creo que es importante detenerse a observar aquello que parece que no es lo suficientemente tangible, más allá de la cuenta de resultados. Mirar y hablar sobre tendencias y oportunidades, a pesar de lo que algunos creen, no es mirar a ciegas para el sector, bien al contrario, es poner la mirada sobre posibles (o imposibles, por qué no) ante un mundo cada vez más amplio y, a la vez, cada vez más convergente y reducido como es una pantalla.