Finalizó en la ciudad de Nueva York la séptima versión del TOC (Tools of Change for Publishing) que ciertamente logra ese objetivo de Conectar, Explorar y Crear el futuro de la edición. Si bien la variedad de enfoques, experiencias y temas fue tan amplia que en más de una ocasión resultó difícil escoger a qué conferencia asistir entre siete posibilidades en simultánea, una idea principal fue la que todo el tiempo estuvo conectada con lo que vi, oí y escuché en medio del maremágnum de opciones, herramientas y posibilidades que cualquier interesado –experto o no experto–, tiene en la tarea de producir un libro (en su sentido más amplio, desde la creación hasta la venta): ser editor hoy.

(Versión en Inglés)

Debo mencionar que la cuota de asistentes tanto a nivel de España como de Iberoamérica no fue mayor, según mis cálculos, a unas 10 personas, en un evento probablemente con cerca de 1.000 participantes, según los organizadores. De la misma manera me sorprendió una vez más el sentido pragmático de los asistentes (jóvenes y no tan jóvenes) y la apertura de la mentalidad norteamericana ante los nuevos entornos y posibilidades de la edición, que podría entrar a chocar de plano con la forma en la que desarrollamos la tarea de “editar” hoy.

En alguna de las sesiones me encontraba hablando con uno de los asistentes al TOC sobre un reconocido editor que no participó en este evento; mi interlocutor afirmó con respecto a este personaje “es que él es muy pro-editor”. ¿Pro-editor? ¿Qué quiso decir con esta palabra? ¿Cuál es el sentido de la edición que tiene la persona con la que estaba hablando, la de un contra-editor? El último día, cuando conversaba con un participante local sobre la percepción negativa que el uso del DRM (Digital Rights Management) mostraba en la mayoría del evento, me comentaba: “depende desde dónde lo estés mirando: si asistieras al Digital Book World ves un enfoque probablemente más pro DRM, pero aquí definitivamente ves otro, anti DRM”).

De las definiciones de editor(a), editar y publicar,  dadas por la RAE, uno puede encontrar desde las más instrumentales, referidas a la “acción de publicar, pagar, multiplicar y difundir…”, hasta otras que implican mayor cuidado y conocimiento, tales como: “adaptar, responder por contenidos, darse o pasarse por autor de lo que otros hacen, organizar, hacer visible, revelar, hacer patente, con apego a las leyes firmar los números de los periódicos…”. Y el sentido de la edición, precisamente no es lo primero, ni lo segundo: son ambas cosas, bien manejadas.

Un editor hoy (nuestro pro-editor):

  1. Publica obras en todos los formatos (¿cuántos todavía solamente lo hacen en papel?).
  2. Paga (o administra) regalías en el marco del derecho de autor, contribuye al incentivo de la producción intelectual, con sus acciones apoya a que la industria editorial sea posible y cualifica el perfil profesional de sus integrantes.
  3. Multiplica, porque lo que un editor desea es que la obra que promueve sea conocida / leída por muchos (pero sabe hacerlo, conociendo las limitaciones y posibilidades de la distribución tradicional, las herramientas tecnológicas que fomentan la e-distribución, las opciones de impresión bajo demanda, la variedad de formatos electrónicos, las políticas de DRM o no DRM, los modos de licenciamiento y de negocio —incluyendo Creative Commons, que es una modalidad del derecho de autor, sobre la que está licenciada este artículo—).
  4. Difunde, promoviendo a su autor, poniéndolo en el lugar que le corresponde, validando las posibilidades con el canal, usando las redes sociales y todas las herramientas de marketing y Social Media, echando mano de los recursos, creatividad y genialidad para que su autor llegue o a los nichos o a los públicos definidos.
  5. Adapta, de la mano con el autor, sugiere, organiza, propone… Da luces para conseguir una obra de calidad, que pueda ser parte de un sello editorial, de una colección, reconocida y valorada por el público.
  6. Responde por contenidos, porque lo ha hecho bien, porque hay un comité evaluador o la obra tuvo pares que orientaron su desarrollo (aquí tenemos mucho que aprender de la edición universitaria). Porque hay “alguien” detrás de la obra, no una máquina o un sistema de producción automatizado (recuerda: por algunos dólares podrás imprimir tu obra en un tiraje corto, por otros cuantos podrás tenerla en ePub y ponerla en canales de distribución y, realmente, por otros más, alguien podrá escribirla por ti).
  7. Darse o pasarse por autor, que no hace referencia a una suplantación del autor, sino a lograr que su sello editorial sea parte constitutiva de esa producción y es ahí donde un autor podrá decir “yo quiero que mi obra sea editada por este editor, yo quiero que mi obra haga parte de esta colección o de este sello editorial”. Esa es la gran diferencia entre el long-tail y la amplia diversidad de contenidos que se consiguen a la vuelta de un clic, y lo que también se podría conseguir con un clic, pero con calidad.
  8. Organizar, no solamente a nivel de orientación en cuanto a los contenidos de una obra se refiere, sino al proceso editorial en su sentido más amplio, en el mismo sentido que atañe a la cadena de valor del libro (desde el autor hasta el lector)
  9. Hacer visible, porque un editor no imprime, un editor no hace libros para que queden guardados en un estante; un editor “visibiliza” y hace dar constancia de algo que tiene valor y que debe ser conocido por los demás.
  10. Revelar y hacer patente, porque un editor contribuye a la generación de conocimiento, al desarrollo de nuevas ideas, de nuevas formas y maneras de escritura, de contar historias.
  11. Firma, porque esa obra hace parte de su editorial y eso puede decir mucho o poco, sin importar si es editorial grande o pequeña, transnacional o nuevo emprendimiento editorial (bienvenidos sean todos los emprendedores. No olvidemos, según datos del CERLALC, que el 92% de las editoriales de Latinoamérica publican menos de 50 títulos al año y que el 54% publican menos de 10). A este respecto quisiera resaltar el estudio que el colega español Javier Celaya acaba de finalizar y que expuso en el TOC sobre cómo colaborar con startups, mejorando las relaciones entre las empresas del mundo del libro y estos emprendimientos.

Por todo lo anterior la propuesta es apuntarle a “SER PRO-EDITOR” cumpliendo estas 11 condiciones. La tarea no es fácil, por eso hay que formarse y continuar aprendiendo más, todavía hoy, sobre el oficio y sus posibilidades, logrando esa mirada moderna, que promueva la generación de contenidos (obras) en todos los formatos posibles, bien distribuidos, óptimamente promovidos e idóneos para cada caso en particular.

El TOC  fue  interesante porque ayudó a profundizar esta mirada y conocer diversos enfoques y nuevas herramientas. Y si bien podríamos hacer extensa una recapitulación de las conferencias a las que asistí, preferiría finalizar de manera breve con algunas ideas sueltas, que probablemente sean de utilidad:

  • Editor(a), no temas. Hoy en día cualquiera puede hacer un libro, hoy en día cualquiera tocará la puerta de tu autor y le ofrecerá todas las herramientas habidas y por haber. Muchos se deslumbrarán, más del 90% de los autores seguirá pensando que ese es el camino del éxito, la fama y probablemente de hacer dinero. Son cantos de sirena, la diferencia y la clave estarán en el conocimiento de tu profesión, en la forma como estás conectado(a) con el mundo de hoy y en la manera en la que puedes usar las herramientas y modelos de la mejor forma, con visión integral y de avanzada.
  • Sí, por primera vez en el TOC hubo un día entero dedicado a la revolución de los autores. Auditorio lleno, ideas interesantes. Cosas que aprender y afirmaciones que matizar.  “Sell your book like wildfire“, un libro impreso con título muy sugestivo que podría darle algunas luces interesantes a los editores que quieren fortalecer el marketing (también se consigue en e-book). Social Twist, una plataforma llena de ideas y herramientas en el complejo mundo del Social Media (lo llamo complejo porque hacer marketing con redes sociales va mucho más allá del tweet, el post o la referencia.)
  • La transmutación de la cadena del libro y de sus autores, una constante. Los agentes literarios con las posibilidades de hoy pueden adquirir nuevos e interesantes roles. Los autores emprendedores podrían hacer mucho y bien hecho (es una posibilidad que existe y que muestra casos de éxito, pero no es una regla, como tampoco puede serlo continuar en un mundo de edición del pasado). La diferencia, en cualquier caso, siempre estará en esos “valores agregados” que sólo alguien podrá dar, de la forma y en los momentos adecuados, en el marco de un plan de trabajo, coherente y estratégico. ¿Quién?: el editor.
  •  Transmedia, una posibilidad cada vez más necesaria en el mundo de la edición (para el señor Tim O´Really una de las razones para el optimismo).
  • Internet, el futuro. Pensemos qué cambios, dispositivos y modos de acceso a los contenidos hemos tenido estos últimos cuatro años (solo cuatro). ¿Cuáles podrán venir en los próximos 5 o en los siguientes 10?
  • Inkling, un modelo de negocio interesante, que ofrece mucho más que la plataforma ibooks Author de Apple u otras que existen en el mercado. De un año a otro vi cambios en su modelo de negocio y en lo que puede hacer. Podrá convertirse en un actor bien importante, si es que esta empresa no es adquirida antes por uno de los fuertes actores tecnológicos del mercado.
  • Hablando de adquisiciones y movidas en la industria, destacar cómo independientes y expertos en temas puntuales, con emprendimientos aislados, hoy hacen parte de compañías más fuertes y con proyección prometedora (tal es el caso del experto Joshua Tallent, de eBooks Architects, −lo tuvimos en Colombia el año pasado−, que ha sido adquirida por Firebrand Technologies).
  • Bind y Unbound, Binding o encuadernado ha sido un concepto muy marcado de la edición tradicional. De un tiempo para acá se habla de Unbound, de hojas sueltas, de micro-relatos, de interacción, transmedia…
  • ePub 3.0, debemos seguir mirando y caminando hacia allá (ya tendremos que resolver el tema del DRM y la misma industria seguramente posibilitará que una amplia gama de dispositivos puedan leer libros electrónicos en este formato).
  • Academia.edu, una interesante iniciativa desde la edición académica. Mi percepción podría ser diferente si Richard Price, su CEO y fundador, no fuese doctor en Filosofía de la Universidad de Oxford. Varias cosas se dijeron en ese auditorio que podrían hacer que algunos se rasgaran las vestiduras. ¿Qué es lo importante?: la citación, la referenciación (la visibilidad), de manera especial en la edición académica, pero usando Internet, como lo hace Academia.edu. Se entendería por ello lo que Price afirmó cuando hacía referencia a que las revistas académicas desaparecerán, por cuanto representan una pequeñísima parte de la reputación de los investigadores, sumado a los costos de la edición tradicional.
  • Los nuevos modelos de negocio (en todos los tipos de edición, incluyendo la académica) podrán estar soportados una parte en los tradicionales, pero también en los FREE, FREEMIUM  y PREMIUM. Creo que el punto es buscar la mezcla exacta, para cada caso e iniciativa en particular.

Finalicemos: el mundo de la edición hoy está más vivo que nunca y, afortunadamente, son muchas las cosas que aún tenemos por hacer y aprender, teniendo en cuenta esa tríada que alguna vez le escuché a Lucia Fournier, una querida colega española: PRUEBA + EXPERIMENTA + APRENDE .

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Mi agradecimiento especial a la Cámara Colombiana del Libro y a las iniciativas que desde su Junta Directiva y desde el Comité de Tecnologia se han podido venir impulsando en estos últimos años.

Jaime Iván Hurtado
@jaimeivan

© Este artículo se publica bajo licencia de Creative Commons. Reconocimiento (by)
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GALERÍA DE IMÁGENES

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Interesados en edición académica.
Parte del grupo de asistentes a la conferencia de Richard Price, de Academia.edu.

 

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A propósito de metadatos y buenas prácticas.

 

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